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Dos horas para el colectivo, ni un minuto para debatirlo

En Necochea hay cosas que no necesitan debate: se sufren. Como esperar dos horas un colectivo. Como reorganizar la vida entera por un servicio que no cumple. Como resignarse. Lo curioso —o lo preocupante— es que mientras eso pasa, el recinto del Concejo Deliberante parece estar en otra frecuencia.

La línea 514, utilizada por vecinos que dependen del transporte público para ir a trabajar, estudiar o atenderse, funciona con una frecuencia que roza lo insólito: una unidad cada dos horas. ¿El motivo? No hay suficientes vehículos para cubrir los dos servicios por turno. No es un rumor, no es una exageración de sobremesa: es la realidad cotidiana de quienes esperan en la parada.

La pregunta cae de madura: ¿los concejales lo saben? Y si lo saben, ¿por qué no está en el centro de la agenda?

Porque mientras tanto, lo que sí se discute —con vehemencia, declaraciones y hasta tonos grandilocuentes— son temas que bajan desde la política nacional. Cuestiones que, más allá de su importancia general, no cambian en nada la vida diaria de un vecino de Necochea o Quequén. Porque, seamos claros, lo que se diga en un recinto de un pueblo bonaerense no mueve un centímetro las decisiones que se toman a nivel nacional. Mucho ruido local para discusiones que ya vienen resueltas desde arriba. Declaraciones que no modifican una frecuencia, no suman una unidad, no mejoran un recorrido.

El contraste es fuerte. De un lado, una ciudad que necesita soluciones concretas, urgentes y locales. Del otro, un Concejo que por momentos parece más interesado en fijar postura sobre lo que pasa a cientos de kilómetros que en resolver lo que pasa a la vuelta de la esquina.

No se trata de negar la política nacional ni de pedir que se viva en una burbuja municipal. Pero hay una diferencia entre opinar y priorizar. Y hoy, las prioridades parecen corridas.

El vecino que espera el 514 no necesita un posicionamiento ideológico: necesita que el colectivo pase. Que haya más unidades. Que el servicio funcione. Así de simple. Así de urgente.

Tal vez el verdadero debate pendiente no sea el que se está dando, sino el que se viene esquivando: ¿para qué está el Concejo Deliberante? ¿Para discutir lo que no puede cambiar o para transformar lo que sí depende de su gestión?

En Necochea, la respuesta —como el colectivo— todavía está demorando demasiado.