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Colectivos: sube el boleto, baja la paciencia

Si alguien pensaba que viajar en colectivo en Necochea ya era una experiencia cara, incómoda y llena de sorpresas, las próximas semanas prometen superar todas las expectativas.

El boleto plano tendría un doble aumento en un lapso de pocos días. Primero, por la aplicación de la famosa fórmula polinómica, ese mecanismo técnico que siempre encuentra la manera de actualizar tarifas pero rara vez mejora servicios. Esa actualización ya autorizada por la CNRT llevaría el pasaje a $1.631.

Pero la historia no termina ahí.

Mientras los usuarios intentan hacer cuentas para llegar a fin de mes, las empresas prestadoras del servicio solicitaron elevar el valor del boleto a $2.300. Frente a ese pedido, concejales y representantes del Ejecutivo analizaron los estudios de costos presentados tanto por las empresas como por la Municipalidad. El resultado de ese análisis derivaría en una propuesta intermedia: un boleto cercano a los $1.900 a partir del 15 de julio.

Es decir, primero un aumento y después otro. Como si el transporte público hubiera decidido adoptar el sistema de cuotas.

Lo curioso es que toda esta discusión ocurre en medio del proceso de licitación del servicio de transporte público de pasajeros por los próximos 20 años. Sí, veinte años. Un plazo que parece una eternidad para un sistema que muchas veces tiene dificultades para garantizar lo que ocurrirá la semana siguiente.

Los pliegos ya están a la venta y la apertura de sobres está prevista para el 17 de julio. Sin embargo, hasta el momento nadie habría adquirido la documentación. Un detalle que no deja de llamar la atención cuando se trata de un servicio esencial para miles de vecinos.

Y es precisamente allí donde aparece la verdadera discusión. Porque en Necochea el debate ya dejó de ser únicamente cuánto cuesta el boleto. Durante los últimos meses hubo colectivos incendiados, unidades fuera de servicio, frecuencias reducidas y una catarata de reclamos de usuarios que esperan más tiempo del que viajan.

La ecuación parece sencilla: cada vez que el sistema entra en crisis, el precio encuentra la forma de subir. Lo que todavía no logra despegar es la calidad del servicio.

Mientras tanto, los pasajeros observan el espectáculo desde la parada. Pagan más, esperan más y reciben menos. Una fórmula que, curiosamente, no figura en ninguna polinómica, pero que los usuarios conocen de memoria.