Dos llamados a licitación, ningún oferente. Ahora aparecen varias empresas interesadas y la posibilidad de un tercer intento. La pregunta es si esta vez se buscará solamente quién cubra el servicio o si, finalmente, se intentará encontrar una solución definitiva para el transporte de Necochea y Quequén.
El transporte público de pasajeros vuelve a estar en el centro de la escena.
Después de dos llamados a licitación que quedaron desiertos, sin que ninguna empresa presentara una oferta, el panorama parece haber cambiado. En las últimas semanas comenzaron a aparecer empresas interesadas en analizar la posibilidad de hacerse cargo del servicio. Vía Rosario ya mantuvo una reunión con la Comisión de Transporte y otras firmas, entre ellas Panamericana y Monte Baldo, también manifestaron formalmente su interés. A esto se suma el posible interés de una empresa que actualmente presta servicio en Azul.
La pregunta que surge es inevitable: ¿qué pasó entre aquellos dos llamados sin respuesta y este nuevo escenario?
Porque si ahora existen empresas dispuestas a sentarse a conversar, conocer los números, analizar recorridos, frecuencias, cantidad de pasajeros, costos y condiciones de prestación, cabe preguntarse si esas empresas conocían realmente las condiciones de los primeros llamados.
¿Estaban al tanto?
¿Fueron convocadas?
¿Alguien salió a buscar oferentes fuera de Necochea?
¿Se acercó el proyecto a empresas que pudieran estar interesadas?
¿O simplemente se publicó un llamado esperando que las empresas aparecieran?
No se trata de buscar culpables. Se trata de aprender de lo ocurrido.
Dos licitaciones sin oferentes deberían servir para revisar absolutamente todo. Desde las condiciones económicas hasta el esquema de recorridos, pasando por las exigencias, las inversiones necesarias, los subsidios, las frecuencias y, fundamentalmente, la sustentabilidad del sistema.
Porque si un servicio esencial no resulta atractivo para ninguna empresa, algo hay que revisar.
Ahora aparece una oportunidad.
Y quizás sea la oportunidad de hacer algo diferente.
¿Una sola empresa o dos?
Hay otra cuestión que debería estar sobre la mesa.
Si finalmente se concreta un tercer llamado y una empresa resulta adjudicataria de todo el sistema, ¿no corremos el riesgo de volver a encontrarnos dentro de algunos años con el mismo problema?
Una sola empresa prestando todo el servicio tiene una posición dominante. Y cuando no existe competencia, desaparece uno de los elementos que muchas veces obliga a mejorar: la posibilidad de que otro venga a hacer las cosas mejor.
Por eso sería interesante analizar seriamente la posibilidad de que el sistema pueda ser operado por dos empresas diferentes, dividendo recorridos, líneas o sectores de la ciudad.
No necesariamente tiene que ser así. Pero debería estudiarse.
Porque dos empresas compitiendo por brindar un mejor servicio podrían generar una dinámica diferente.
Mejores frecuencias.
Mejores unidades.
Mayor cumplimiento.
Más control.
Más inversión.
Y, fundamentalmente, un incentivo permanente para conservar al pasajero.
Porque cuando hay competencia, el usuario deja de ser simplemente alguien que necesita subir a un colectivo y pasa a convertirse en alguien que hay que cuidar.
El pasajero debería estar en el centro
Durante demasiado tiempo, la discusión sobre el transporte parece haber girado alrededor de empresas, costos, subsidios, recorridos y números.
Todo eso es necesario.
Pero hay alguien que muchas veces queda al final de la conversación: el pasajero.
El vecino que espera el colectivo.
El trabajador que necesita llegar a horario.
El estudiante.
El jubilado.
El vecino de Quequén que necesita cruzar a Necochea.
La persona que no tiene otra alternativa para movilizarse.
Ellos son quienes terminan pagando las consecuencias cuando el sistema funciona mal.
Por eso el tercer llamado no debería ser simplemente “encontremos una empresa que se haga cargo de los colectivos”.
Debería ser:
“Encontramos un modelo de transporte que funcione para Necochea.”
Y eso es bastante más ambicioso.
Una tercera oportunidad
Las cartas de intención y las reuniones con empresas representan una señal positiva después de dos llamados desiertos. Pero todavía no son ofertas concretas. Falta el nuevo pliego, faltan las condiciones definitivas y falta saber cuántas de esas empresas estarán realmente dispuestas a presentar una propuesta cuando llegue el momento.
Por eso habrá que mirar con atención el próximo paso.
Si existe interés, hay que aprovecharlo.
Si hay varias empresas que quieren conocer el sistema, hay que escucharlas a todas.
Si hay diferentes modelos de prestación, hay que compararlos.
Y si existe la posibilidad de generar competencia dentro del sistema, habrá que estudiarla seriamente.
Porque después de dos intentos fallidos, no parece razonable hacer un tercer llamado exactamente de la misma manera.
Necochea necesita dejar de pensar solamente en cómo salir de la emergencia de hoy y empezar a pensar cómo evitar la emergencia de mañana.
Esperemos que esta vez no se busque solamente cubrir el servicio.
Esperemos que se busque una solución definitiva para el transporte.
Una solución que contemple a los trabajadores, que sea sustentable para las empresas, que sea viable para el Municipio y que tenga controles claros.
Pero, sobre todas las cosas, una solución que ponga al pasajero en el lugar que nunca debió perder:
en el centro de la discusión.
Porque durante años hubo empresas que ganaron concesiones, hubo municipios que administraron contratos y hubo funcionarios que discutieron números.
Esta vez, quizás sea hora de que alguien piense en quienes viajan todos los días.
Y que, aunque sea una vez, los que ganen sean los pasajeros.

