En el juego pesado de los granos, donde cada tonelada cuenta y cada minuto en muelle vale oro, Puerto Quequén salió a mostrar músculo. En el Seminario de Buenas Prácticas en Operaciones de Graneles, el presidente interino del Consorcio, Mariano Carrillo, plantó bandera con una exposición que mezcló diagnóstico fino y ambición regional.
El encuentro —organizado por la AAPA LATAM junto al Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca— reunió a la primera línea del negocio granelero en Bahía Blanca. Y ahí, en el panel “Coyuntura Granelera desde los Desarrollos Portuarios de LATAM y el Caribe”, Carrillo jugó de local… pero con mirada de exportación.
La receta que llevó a la mesa no fue improvisada. Cuatro ejes, claros y sin vueltas:
Inversiones para que la infraestructura no quede chica frente a un comercio global cada vez más exigente.
Sostenibilidad como condición, no como eslogan: operar mejor, con menos impacto y más diálogo con la comunidad.
Digitalización para ganar eficiencia en cada tramo de la cadena logística.
Desafíos operativos con una lectura crítica de la coyuntura argentina, donde gestionar riesgos ya no es opcional.
“Las terminales de graneles tienen que adaptarse o quedarse atrás”, dejó entrever el mensaje, con ese tono técnico que esconde una advertencia bastante terrenal: el que no invierte, pierde.
El seminario —que se desarrolla del 5 al 7 de mayo— funciona hoy como una especie de “rockstar backstage” del mundo portuario: ahí se cruzan ideas, contactos y decisiones que después se traducen en obras, rutas y negocios. No es casual que participen referentes como Liborio Cuellar (Buenaventura) y Sergio Gil (Quetzal), con quienes Carrillo intercambió experiencias.
Desde Quequén, el mensaje es claro: integrarse más, competir mejor y no perder el tren de la modernización. En criollo, jugar en primera en la liga de los puertos latinoamericanos. Porque en este tablero, quedarse quieto también es una forma de retroceder.


