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Colectivos en Necochea: entre la “reorganización” y la resignación de siempre

El Departamento Ejecutivo salió a jugar una carta fuerte —o al menos extensa—: un pliego de licitación para el transporte público con contrato a 20 años. Sí, dos décadas. Tiempo suficiente para que cambien gobiernos, funcionarios, discursos… y probablemente sigamos esperando el colectivo.

La propuesta apunta a “ordenar” el sistema. En esa línea aparece la unificación de las líneas 502 y 503, una movida que busca simplificar recorridos y optimizar recursos. En los papeles suena prolijo; en la calle, habrá que ver si no termina siendo menos opciones para el usuario .

También se prometen mejoras en las frecuencias en horarios pico. Una buena noticia… a medias. Porque si algo enseña la experiencia es que cuando se acomoda una parte del sistema, otra suele quedar floja. El riesgo: colectivos más seguidos a la mañana y un desierto sobre ruedas el resto del día.

En paralelo, se intenta corregir un clásico dolor de cabeza: los fines de semana en Quequén. La separación de las líneas 511 y 512 apunta a evitar demoras eternas. La intención es lógica, aunque el desafío será sostenerlo sin que termine en menos unidades circulando.

En cuanto a los vehículos, el pliego fija un máximo de 15 años de antigüedad. Traducido: no tan viejos… pero tampoco nuevos. Un estándar “realista”, dirán desde el municipio; un techo bastante bajo, responderá más de un usuario acostumbrado a viajar en unidades que ya vieron mejores décadas.

La accesibilidad aparece como otro punto a favor… al menos en el papel. Se exige piso semibajo o rampas, pero la realidad local plantea obstáculos bastante concretos: calles con badenes que complican el paso de estas unidades, rampas que ya existen en algunos colectivos y casi no se usan, y paradas donde estacionar pegado al cordón es una utopía por autos mal ubicados o veredas que directamente no permiten el despliegue. Resultado: una medida inclusiva que, sin infraestructura acorde, corre el riesgo de quedar como un gesto más que como una solución.

Y en el centro de todo, la promesa de continuidad, regularidad y calidad del servicio. Tres palabras que suenan perfecto en cualquier pliego… y que suelen desdibujarse cuando el colectivo no pasa.

El contexto no ayuda: menos pasajeros, más costos y un sistema que, como reconocen desde el propio municipio, viene en retroceso. Entonces el pliego no busca revolucionar nada, sino evitar que todo se termine de caer.

En criollo: no es el colectivo del futuro. Es, con suerte, el intento de que siga pasando. Aunque sea.