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Colectivos: meses de trabajo, cero resultados y otra prórroga para que nada cambie

Después de la última comisión en el Concejo Deliberante quedó algo claro: se habló mucho, pero se hizo poco. O nada. El transporte público urbano vuelve a ser protagonista de una historia repetida hasta el cansancio en Necochea y Quequén: vencimientos que llegan, promesas que se anuncian y soluciones que nunca aparecen.

Febrero asoma en el calendario y el servicio de colectivos sigue sin concesión vigente. Frente a ese escenario, desde el área municipal correspondiente se repite un latiguillo conocido: “hace meses que estamos trabajando en la nueva licitación”. El problema es simple y brutal: si hace meses se trabaja y llega la fecha sin nada concreto, entonces algo no está funcionando.

Tan desdibujado es el trabajo que, en declaraciones posteriores a la comisión, un funcionario del área llegó a mencionar un recorrido que supuestamente se pediría modificar… y ni siquiera lo dijo correctamente. Balbuceos, dudas y desconocimiento básico de los trayectos urbanos que se pretende reorganizar. Difícil transmitir tranquilidad a la población cuando quien debe explicar no sabe de qué está hablando.

Desde el Concejo Deliberante el libreto no fue muy distinto. Concejales de distintos bloques aseguraron que “hace tiempo vienen trabajando el tema”. Sin embargo, el resultado vuelve a ser el mismo de siempre: se vence el plazo y nadie resolvió nada. Las palabras sobran; los hechos, brillan por su ausencia.

Lo único concreto hasta ahora es una información que circula por lo bajo: se pediría una prórroga de 120 días para que la misma empresa continúe prestando el servicio mientras se “termina de preparar” lo que, según dicen, se viene preparando desde hace meses. O años. Otra prórroga más para un sistema agotado, con colectivos viejos, frecuencias deficientes y promesas incumplidas.

Porque no se trata solo de contratos. Se trata de anuncios que nunca existieron más allá del papel. Rampas para personas con discapacidad que jamás se usaron. Una aplicación con información en tiempo real que nunca funcionó. Unidades dadas de baja unilateralmente por la empresa, sin mayores explicaciones. Y un control municipal que, si existe, no se nota.

El caso de la línea 514 es paradigmático. Durante años, en verano, contaba con dos servicios por hora. Ridículo, sí, pero al menos era algo para una ciudad que vive de sus playas. Desde hace varios veranos, ni eso: funciona con frecuencia invernal, un solo colectivo por hora en plena temporada alta.

Y acá aparece la pregunta incómoda: ¿qué controla la Dirección de Transporte? ¿Las frecuencias reales o solo las que informa la empresa? ¿Se verifica que se cumpla lo acordado en instancias anteriores con el municipio? Porque, a la vista de los hechos, nadie parece estar mirando.

OOtra pregunta sobrevuela todo el sistema: ¿puede un funcionario ser juez y parte? En una ciudad chica, donde los rumores corren más rápido que los micros, circulan versiones —no confirmadas públicamente— sobre posibles vínculos del responsable del área con actividades privadas relacionadas al transporte. Si existiera un eventual conflicto de interés, la pregunta es simple: ¿qué mecanismos de control y transparencia lo previenen y quién audita su actuación?

Mientras tanto, todo sigue igual. Por lo menos por 120 días más. Si la prórroga baja al Concejo y se aprueba, habrá colectivos. Así que carguen la SUBE y disfruten los ¿últimos? viajes. Con suerte, llegan. Aunque si el micro se rompe en el camino… tampoco sería una novedad.