El adiós a un pedazo de nuestra historia
Hubo un tiempo en que prender la tele era sinónimo de música. No de realities, no de competencias absurdas, no de influencers peleando por likes. Música. Videoclips. Canciones nuevas, raras, inolvidables. Ese tiempo tenía un nombre: MTV.
Nacida en 1981, MTV cambió para siempre la forma de consumir música. Antes, las canciones se escuchaban. Con MTV, también se miraban. Los artistas ya no solo sonaban: existían en imágenes, en estilos, en actitudes, en historias de tres o cuatro minutos. Y nosotros crecimos con eso.
Para muchos, MTV fue la banda sonora de la infancia, la adolescencia, las primeras rebeldías, los primeros amores, las noches de insomnio frente al televisor. Ahí conocimos bandas que nadie más pasaba, géneros que no sonaban en la radio, artistas que marcaron una época.
No importaba el idioma: importaba la emoción.
Pero ese MTV, el de los videoclips las 24 horas, ya no existe más.
A fines de 2025, los canales musicales de la señal apagaron sus transmisiones. Se terminó la era del video sin pausa. Se cerró una puerta que llevaba directo a nuestros recuerdos.
No fue una muerte repentina. Fue lenta. Primero llegaron los programas. Después los realities. Más tarde, la música quedó arrinconada en la madrugada. Hasta que, un día, simplemente desapareció.
Y no es solo el cierre de un canal.
Es el cierre de una forma de vivir la música.
Porque MTV no era solo entretenimiento. Era identidad. Era refugio. Era descubrimiento. Era quedarte mirando la tele “un ratito más” y terminar viendo tres horas de videos sin darte cuenta. Era grabar canciones en VHS. Era discutir con amigos sobre bandas. Era copiar peinados imposibles. Era sentir que el mundo era un poco más grande.
Hoy la música vive en plataformas, en algoritmos, en playlists infinitas. Es práctica, inmediata, perfecta.
Pero ya no es la misma experiencia.
MTV nos enseñó a esperar, a sorprendernos, a descubrir sin buscar.
Nos enseñó que la música también se mira, se siente y se recuerda.
Con su cierre, se va algo más que una señal:
se va un pedazo de nuestra historia.
Y aunque el mundo siga girando, aunque la música siga sonando, hay algo que no vuelve:
la magia de prender la tele y que el mundo te hable en forma de videoclip.
