Si hay algo que Hollywood ama más que un buen truco de magia, es repetirlo hasta que al sombrero no le quede ni un pelo de conejo. Now You See Me 3 llega como ese ilusionista que vuelve al escenario después de un intervalo largo, con la misma sonrisa, el mismo traje y… bueno, más o menos los mismos trucos. Pero ojo: eso no quiere decir que la pases mal. Solo que ya sabés dónde está la carta.
La tercera entrega de los “Cuatro Jinetes” —que en realidad ya son como un sindicato de magos en expansión— tira sobre la mesa lo que mejor sabe hacer: luces, movimientos rápidos, mucha verborragia inteligente y giros narrativos que intentan sorprenderte. Y algunos lo logran, eh. Sobre todo porque el elenco original vuelve con la misma química de siempre y la “nueva generación” suma energía fresca, como si hubieran pasado por un casting escolar de ¿Quién quiere ser el nuevo Houdini?.
La villana de turno juega fuerte, la dinámica entre los grupos está bien aceitada y los trucos tienen ese gustito a nostalgia de magia “práctica”, menos computadora, más manos hábiles. En tiempos donde todo se hace con un clic, ver una ilusión que parece tener un poco de transpiración humana es casi un lujo.
Ahora… ¿es una película profunda? No. ¿Lo intenta? Tampoco. Y ahí está el punto: Now You See Me 3 sabe perfectamente que su trabajo no es darte reflexión existencial ni diálogos para enmarcar, sino entretenimiento puro, como cuando te tirás en la playa de Necochea con un paquete de bizcochitos y ves a los skaters practicar trucos repetidos toda la tarde: algunos salen, otros no, pero te divertís igual.
Lo flojo: hay tantos personajes dando vueltas que en un momento parece un asado familiar donde todos quieren hablar al mismo tiempo. Y algunos trucos, una vez que los explican, pierden más encanto que un billete falso bajo la lluvia. El guion coquetea con la repetición, pero bueno… también lo hacen todos los magos cuando encuentran un truco que funciona.
Conclusión Kem Kemiana:
Now You See Me 3 es como ese viejo mago del Parque: sabés que la moneda está en la otra mano, pero igual te quedás mirando porque la gracia no está en el truco, sino en cómo te lo cuentan. Y mientras te entretenga, que siga la función.
