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Más participación, pero las mismas dudas: Necochea votó un poco más y se pregunta si algo cambió

En Necochea, las urnas volvieron a abrirse y, esta vez, fue más gente. La participación en las elecciones legislativas trepó al 62,89 %, unos 52.928 votantes de los 84.154 habilitados. En septiembre, durante las provinciales, había sido del 57,88 %, con 51.203 vecinos que se acercaron a las escuelas. Es decir, hubo unos 1.700 votantes más. Un pequeño repunte que, sin embargo, no alcanza para hablar de entusiasmo ciudadano.

El cambio de elección trajo otra novedad: la boleta única, ese papel moderno que prometía simplificar el voto, pero terminó despertando más consultas que certezas. Para algunos fue una mejora; para otros, un misterio. Hubo quienes la encontraron “más ordenada”, y quienes —sobre todo personas mayores— se sintieron un poco perdidos ante el nuevo formato. Aun así, parece que el miedo no frenó tanto como se esperaba.

Sin embargo, el aumento de participación no necesariamente cambió el clima político. En las escuelas se notó un ambiente más tranquilo, menos apasionado que en septiembre. Ya sin el ruido de las bonaerenses, las legislativas se sintieron como una continuación silenciosa. Los que fueron a votar lo hicieron convencidos, sin tanto margen para el voto “a último momento”.

Entonces aparece la gran pregunta: ¿sirvió este leve repunte para legitimar más el resultado?
Porque si bien hubo más participación, la sensación general sigue siendo la misma: un electorado cansado, desconfiado y poco esperanzado. Muchos votaron “porque hay que ir”, no porque sintieran que algo iba a cambiar.

Y en ese escenario, los números se vuelven relativos. El ganador puede festejar, claro, pero la aritmética es cruel: ni siquiera con el 62,89 % de participación, su victoria representa el apoyo de la mayoría real de los necochenses. Cuando uno hace las cuentas, se descubre que ese “triunfo contundente” en realidad lo avaló apenas un tercio del padrón total.

Por eso la pregunta que flota después del recuento es incómoda:
¿Ganó el ganador, o ganó la resignación?
Porque el voto creció, sí, pero el entusiasmo no.

La boleta única, en todo caso, no fue ni heroína ni villana. Fue un cambio técnico en un sistema que, cada vez más, parece necesitar algo mucho más profundo: recuperar la confianza de los que ya no creen que su voto cambie nada.