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24 de marzo: no solo memoria, también rumbo

Cada 24 de marzo, Argentina hace una pausa. No es una pausa cómoda, ni liviana. Es una de esas que obligan a mirar para atrás, pero también —y cada vez más— a preguntarse hacia dónde estamos yendo.

El Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia no es únicamente una fecha para recordar lo ocurrido en 1976. Sería quedarse a mitad de camino. Es, sobre todo, una oportunidad para reafirmar algo mucho más grande: el valor de vivir en democracia, con todo lo que eso implica, incluso con sus imperfecciones.

Porque la democracia no es un trofeo que se guarda en una vitrina. Es un ejercicio constante, a veces incómodo, muchas veces ruidoso, pero siempre necesario. Es la posibilidad de disentir sin miedo, de elegir, de reclamar, de equivocarse y volver a intentar. Es, en definitiva, una construcción colectiva que se sostiene día a día, no solo cada cuatro años.

En tiempos donde la discusión pública suele tensarse al extremo, donde todo parece blanco o negro y los matices molestan, esta fecha invita a bajar un cambio. A recordar que hubo momentos en los que opinar, participar o simplemente pensar distinto tenía consecuencias mucho más graves que una discusión en redes sociales.

Pero este 24 de marzo también puede —y debería— correrse un poco del lugar solemne para transformarse en un punto de partida. No solo memoria, también compromiso. No solo pasado, también futuro.

¿Qué hacemos hoy con esa democracia que tanto costó recuperar? ¿Cómo la cuidamos? ¿Cómo la mejoramos? ¿Cómo logramos que no sea solo un sistema político, sino una herramienta real para mejorar la vida cotidiana?

Ahí está el verdadero desafío.

Recordar no es repetir como un eco lo que ya sabemos. Recordar es entender, tomar posición y, sobre todo, proyectar. Que cada 24 de marzo no sea únicamente un acto de conmemoración, sino también un recordatorio activo de lo que no queremos volver a ser y de lo que todavía podemos construir.

Porque si algo dejó claro la historia, es que la democracia no se pierde de un día para el otro… pero tampoco se sostiene sola.

Y en eso, nos guste o no, estamos todos adentro.