La calle 536 de Quequén se volvió un campo minado. El hormigón está roto, hundido, agrietado, partido en mil pedazos por el paso constante de camiones que van y vienen del puerto. Cada bache es un recordatorio de algo que hace años se repite: los beneficios del movimiento portuario quedan en los números, pero las consecuencias, en el barrio.
Porque si algo demuestra el estado de esa calle, es la productividad del puerto. Hay actividad, eso está claro. Pero también hay una deuda enorme con los vecinos, que siguen esperando que alguien se haga cargo. ¿Quién tiene que arreglarla? ¿La Municipalidad? ¿El Consorcio del Puerto? ¿Los exportadores? ¿La Provincia? Todos parecen tener algo que decir, pero nadie pone la firma ni la maquinaria.
La famosa tasa portuaria —esa que se discute tanto— supuestamente existe para eso: para compensar el daño que el tránsito pesado deja en las calles. Pero mientras se pelean por si es válida o no, los pozos siguen creciendo. Y no hablamos de un detalle menor: hablamos de una calle donde los autos deben hacer maniobras peligrosas para esquivar agujeros, de camiones que van zigzagueando y de vecinos que muchas veces ni siquiera pueden cruzar.
El cuadro es tan absurdo como cotidiano. El Concejo deliberante discutiendo si la tasa se cobra o no, funcionarios que dicen que “no es competencia suya”, y mientras tanto, los que viven ahí viendo cómo el asfalto se desintegra día tras día. Cada lluvia agrava los hundimientos, cada camión deja una nueva marca, y cada reclamo parece perderse en la burocracia.
Los vecinos de la zona lo dicen claro: están cansados de ver cómo se tiran la pelota de un lado para el otro. Nadie niega la importancia del puerto —es ¿el motor económico del distrito?—, pero tampoco se puede aceptar que esa productividad se pague con calles intransitables y accidentes evitables.
Hoy, la 536 es más que una calle rota: es el símbolo del desinterés. De un progreso que pasa por encima del barrio, literalmente.
Y mientras los camiones siguen su marcha hacia el puerto, los baches siguen creciendo. Nadie frena. Nadie arregla. Nadie se hace cargo.

